La blefaroplastia se realiza normalmente con anestesia local, lo que significa que el paciente está despierto pero no siente dolor. El cirujano realiza pequeñas incisiones a lo largo de los pliegues naturales de los párpados y, a continuación, extirpa o reposiciona el exceso de piel, músculo y grasa. Las incisiones se cierran con suturas finas, y es posible que el paciente experimente algo de hinchazón, moretones y molestias durante unos días después de la cirugía.
Los resultados de la cirugía de párpados suelen ser duraderos, pero pueden verse afectados por el envejecimiento, la exposición al sol y factores relacionados con el estilo de vida. Para mantener los resultados, se recomienda a los pacientes que protejan sus ojos del sol, usen humectantes y cremas para los ojos, y eviten el tabaco y el alcohol. La cirugía de párpados puede mejorar la apariencia y la función de los ojos, pero no puede cambiar su forma ni tratar otras afecciones como las patas de gallo, las ojeras o las cejas caídas. Para estos problemas, los pacientes pueden necesitar procedimientos o tratamientos adicionales, como Botox, rellenos, rejuvenecimiento con láser o lifting de cejas.